Monday, July 02, 2007

Nuestra Percepción de la Realidad


“Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer se llamaba Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron.”--
Rut 1:1-2-
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Una familia emigra hacia una tierra extranjera por un problema: Una hambruna que afecta al pueblo, a la tierra de Israel. En aquel tiempo, la tierra se consideraba ligada al Dios del pueblo. (ver. p. ej. 2 Reyes 17.24-28 y Jonás 1.3 “... lejos de la presencia de Jehová”). Además, Noemí era una persona que temía a Jehová, y suponemos que su marido también. Para ellos, pues, irse a la tierra de Moab debió ser una decisión difícil y algo desesperada. Aunque allí siguieran temiendo solamente a Jehová. Allí ocurren dos desgracias (1:3,5), esta mujer pierde a su marido y a sus dos hijos, que antes se habían casado con dos mujeres moabitas. Entonces Noemí regresa a casa. El mismo libro nos dice las razones que llevan a Noemí a volver a su pueblo: -
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1:6. Porque Jehová había visitado a su pueblo (dándole alimento)--
2:12. A refugiarse bajo las alas de Jehová. (Notemos que aquí sigue el concepto del Dios ligado a la tierra: se entiende que Rut se ha venido a refugiar “bajo las alas de Jehová” por el hecho de haber abandonado su tierra natal y vivir ahora en Israel, “tierra de Jehová”). --
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Cuando ha regresado a su casa, Noemí parece tener una mala conciencia por no haber confiado suficientemente en Jehová y parece creer que, a causa de ello, Jehová la castigó (1:19-21: “Caminaron, pues, las dos hasta que llegaron a Belén. Y sucedió que cuando llegaron a Belén, toda la ciudad se conmovió a causa de ellas, y las mujeres decían: ¿No es ésta Noemí? Y ella les dijo: No me llaméis Noemí, llamadme Mara, porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura. Llena me fui, pero vacía me ha hecho volver Jehová. ¿Por qué me llamáis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?”).-
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¿Qué dice Noemí (v. 1:21a)? “Llena me fui, pero vacía me ha hecho volver Jehová”. Esto revela una verdad. Ella se fue llena. Entonces ¿por qué se fue? Si uno está lleno no emigra por necesidad. Parece que hay en Noemí una mala conciencia de no haber tenido suficiente fe. De no haberse dado cuenta de que se fue por necesidad cuando en realidad estaba llena. Ella consideraba que se había ido llena, probablemente reconociendo que la situación no estaría tan mal como pensaba pero, sobre todo, que tenía un marido y dos hijos que entonces no supo valorar. El v. 13 enseña que aunque estuviera en tierra de “otros dioses”, la mano de Jehová podía llegar hasta ella para castigarla. Y, según piensa, Jehová la castigó, dio testimonio contra ella, haciéndola volver vacía.--
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Y he aquí la verdad que Noemí descubre, y cree que descubre tarde: que en situaciones de necesidad hay temor en nosotros; un temor que nos hace olvidar lo que tenemos. El miedo deja paso a la desconfianza. Desconfianza en el futuro, en el fondo, desconfianza en Dios.--
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Y he aquí una primera conclusión a la que también llegamos nosotros: El temor puede hacernos ver las cosas diferentes a como son, a como Dios las ve. No es extraño que el mandamiento que más veces se repite en la Biblia sea éste: “No temas”.--
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Pero la percepción de Noemí era de nuevo incorrecta. Veamos lo que dice: v. 21.- “Vacía me ha hecho volver Jehová”... pero hay alguien con ella a quien su tristeza y su aflicción no dejan ver del todo, Rut. Si saltamos al final de la historia, vemos a las mujeres del pueblo decir lo siguiente (4:14-15), “[Rut] es de más valor para ti que siete hijos”.
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¿Qué conclusión sacamos? Que en ese momento no se daba cuenta.--
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Al principio de la historia no se dio cuenta de que estaba llena por el temor al futuro que trajo el hambre a Israel. Ahora es su situación de turbación y tristeza, su sentimiento de estar pagando por los pecados, su sentimiento de culpa lo que le hacía pensar que no merecía nada delante de Dios, lo que le hizo creerse vacía cuando tenía a su lado una gran bendición de Jehová.--
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En ese momento de disciplina (que no es un castigo por pecados especiales, sino un proceso que Dios sigue con todos sus hijos, que son pecadores pero que sobre todo, .Él ama) no pudo verlo. Resulta que tenía más que 7 hijos en una persona valiosísima.
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Dios es bueno, y eso es lo que no pudo ver en ese momento. Pero las mujeres se lo recuerdan (4:14). Aquí hay una verdad fundamental enseñada en Hebreos 12:11. Hay un antes y un después en nuestra percepción de las cosas en el proceso de disciplina.--
La conclusión que sacamos es que Dios es bueno. Y la experiencia de Noemí puede ser, en un momento dado, la de todos sus hijos. La obra de Dios en nuestras vidas no depende de que nosotros la sintamos, la percibamos o tengamos una conciencia correcta de lo que Dios hace y es. Depende de su amor. Y del mismo modo que amó a Noemí y la bendijo, así nos ama a sus hijos. A pesar de que el temor o la turbación puedan invadir nuestras vidas, ahí está Dios. Pero a veces no es sino hasta el final de la historia cuando percibimos ese amor de Dios, presente aunque a veces silencioso.--
S.A.R.S. Príncipe Hugo de Rurikovich – Embajador Especial para Asuntos Religiosos de la Royal and Imperial House of Orient.
Gran Collar de la Venerable Orden Ecuestre del Santísimo Redentor.
S. E. Rev. Padre Eduardo Pasteris – Director
S. E. Rev. Padre Lic. Néstor Fabián Faliache